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viernes, 8 de octubre de 2010

La convivencia matrimonial

(Aunque tarde, ya estoy aquí. Os pido disculpas.)

Imagen de la red

A la hora de escribir sobre convivencia matrimonial, me he puesto a revisar todos los archivos que guardo en el ordenador para ver si localizaba algo que pudiera utilizar. Encontré euna historia que publique hace unos meses, y he decidido que es una hermosa historia de convivencia, pero que no la voy a publicar hoy. Hoy os cuento un poco de la mía. ¿Hay una convivencia mejor que la de un matrimonio que ha pasado 43 años juntos?
Ha hecho ya 43 años que me casé y os puedo asegurar que existe una gran similitud con la pareja de la historia. Nos ha tocado pasar momentos muy apurados, sobre todo al principio, porque entonces las cosas estaban más difíciles que hoy. Luego vinieron los hijos y durante unos años seguimos apurados. Nuestra familia siempre estuvo ahí, pero intentamos no tener que recurrir a ellos. Solo saber que los teníamos al lado, nos confortaba.
Los hijos dan muchos quebraderos de cabeza, lo sé. Pero te dan una fuerza increible. Por ellos se hace lo que haga falta. Por ejemplo, las jornadas de muchas horas durante años, las malas noches cuando han caido enfermos, pero también una satisfacción interior que creo compensa todo lo que a veces la vida nos trae y que no resulta tan agradable.
Nos ha tocado ver partir a nuestros padres, a algunos de nuestros hermanos, y siempre hemos estado juntos para sobrellevar el dolor. Hemos visto nacer a nuestra nieta y la estamos viendo crecer. Espero que Dios nos conceda todavía la suerte de poder conocer más nietos, porque a los dos nos han gustado siempre los niños y la verdad es que una sola nieta aunque nos llena plenamente, se nos hace poco.
El amor no se pasa. Pero se apacigua. Hay cosas que si solo dependieran del amor físico no se harían. Es el vivir día a día junto a la persona amada lo que hace que ese amor continúe ahí, como el rescoldo de la lumbre entre la ceniza. Remueves y aún encuentras calor.
Creo que ese es el problema hoy en día. Las parejas se rompen con demasiada facilidad porque basan su amor sobre todo en el amor físico y cuando este se enfría se acaba todo entre ellos.
Convivir con alguien a quien amas es el don más precioso que Dios nos puede conceder. Llega un momento que los hijos se van, como nos fuimos nosotros del nido paterno y entonces se acrecienta aún más ese amor que dormía bajo las cenizas del antiguo gran fuego que nos abrasaba en la juventud. Se vuelve a retomar con nuevas sensaciones, con toda esa fuerza que a veces por atender a los hijos se nos había casi olvidado que estaba ahí... que seguía dentro de nosotros.
43 años y me doy cuenta que han pasado rápidos. Me pongo a pensar y solo vienen a mí mente las cosas agradables que fuimos encontrando a lo largo de ellos. Si. Creo que después de todo, mí vida ha sido agradable, entretenida, triste o divertida, en ocasiones muy dolorosa, pero gacias a Dios, siempre he tenido junto a mí a esa persona que un día ante el altar le dijo al sacerdote... ¡sí, quiero!
Esa persona es María, mí mujer.


María, con nuestra nieta María.

Pasado, presente y futuro. Si. Futuro, porque la vida no se acaba hasta que Dios lo decida. Y mientras tanto, nosotros seguiremos viviendo, seguiremos conviviendo como hasta ahora. ¿En Paz y buena armonía? Bueno, a veces se discute, pero... ¿que sería de los matrimonios si no hubiera ese poquito de pimienta? No se quien dijo que lo mas bonito de las discusiones en un matrimonio eran las reconciliaciones. Es verdad.

El tiempo no espera a nadie. Atesora cada momento que tienes, pero lo atesorarás más si lo compartes con alguien especial.
Llegar hasta aquí ha supuesto hasta ahora una hermosa tarea.



Los años no pasan en balde. Pero aunque la piel se arrugua, aunque la vista se nos haya gastado (¡hemos visto tantas cosas!) en el fondo seguimos siendo aquella pareja que un día de hace ya 43 años años dijeron ante Dios y los hombres que nos queríamos. Y que seguiríamos juntos en la felicidad y en la adversidad. Lo estamos cumpliendo.






martes, 28 de septiembre de 2010

Nada sucede porque sí

 "...El mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón..." ¡NADA SUCEDE PORQUE SÍ!


 
Foto de la red






 Esto que vais a leer me  llegó al corazón
 ¡y por eso lo estoy compartiendo con vosotros!



 “ En la vida, nada sucede porque sí.
 Lo que haces hoy,
 Mañana, puede hacer la diferencia en tu vida."









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domingo, 5 de septiembre de 2010

Recordando a Antonio Molina

Dejadme hoy que recuerde a este hombre y su voz portentosa.

La foto es de la red

¿Quien no cantó... o tarareó sus coplas... Soy minero, El Cristo de los faroles...?
Y tantas y tantas otras...

Recordando a Antonio Molina
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Hay una copla llorando
su pena tras una esquina
y el aire va susurrando
que al cielo subió volando
la voz de Antonio Molina.



Era su voz un portento.
Era un regalo del cielo.
Quejido... triste lamento,
mecido al compás del viento,
suave como el terciopelo.



Gargaritas de oro de su garganta,
salieron para gloria de nuestra tierra.
Gargaritas de oro, donde se encierra
un ruiseñor del cielo que alegre canta.

Gargaritas de oro que van soñando,
coplas que se mezclaron con mil luceros...
con rejas... con prisiones... con carceleros,
sueños que su garganta tejió cantando.



Gargaritas de oro que en las estrellas,
se quedaron prendidas... como olvidadas.
Hay crespones de luto colgando de ellas
y hay campanas llorando desconsoladas.



Ya no será llanto el llanto.
Ni el bordón de la guitarra
dará sentimiento al canto
de un alma que se desgarra.



Una flor en la reja...
y un carcelero...
y un barco que se aleja
bajo un lucero.



En una barca de luna
navegó hacia el firmamento
y las rosas una a una,
lloran perfumes al viento.



Sigue la copla cantando
susurros tras una esquina
y una guitarra sonando,
llora al viento, recordando
la voz de Antonio Molina.


Espero que algún día pueda verse publicado en mí futuro libro "Pensamientos con rima"








domingo, 29 de agosto de 2010

"Ya estoy aquí otra vez..."

Buenos días amigos y amigas del blog. Todo llega y todo pasa, como decía Antonio Machado y el final de las vacaciones también... ¿como no? Quiero daros la bienvenida hoy recordando a Mari Trini, esa gran cantante a la que yo siempre he considerado en primer lugar "grandísima poeta". Todas sus letras son preciosos poemas que llegan a lo más hondo del alma y hoy, de verdad, me apetecía escuchar su preciosa y para mí, admirada voz. Os dejo con su recuerdo, y como ella, yo también os digo... ya estoy aquí otra vez....




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viernes, 30 de julio de 2010

La oración de un extremeño

Viejas calles de mí pueblo con toda su carga de recuerdos y vivencias.


La oración de un extremeño
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Cuando ya mi cuerpo inerte,
llegue a la noche sombría
en los brazos de la muerte...
llevadme a la tierra mía.
Llevadme a aquellos lugares
que llevé en mi corazón,
y en medio de mis pesares
cual barco surcando mares,
me traían la ilusión.
Regresaré silencioso
al sitio amado por mi,
no seré un hombre famoso,
mas si extremeño orgulloso
de la tierra en que nací.
Ni honores traeré‚ ni gloria
que fama la puedan dar;
nadie contará mi historia,
y no quedará memoria
de que torné a mi lugar.
Ponedme en el cementerio
encarado hacia la sierra
mirando la cruz que encierra
de los siglos el misterio;
seré feliz descansando
sobre tan bello lugar,
con nuestro sol calentando
trochas, sierra y olivar.
Abono beneficioso
que nutra mi suelo amado.
Abono que jubiloso,
nutra el suelo generoso
con los que tanto he amado.
Y sobre la losa fría,
el nombre que me acompaña
y lo que en verdad sentía:
Ser abono en tierra mía,
mas que gloria en tierra extraña.








Tal vez haya quien piense que es un poco triste. Yo creo que no. La muerte vendrá un día (espero que tarde mucho) y no es algo que debamos temer. Y al fin y al cabo, es verdad que quiero retornar a mí querida tierra, donde descansan mis padres y mis hermanas.




Os dejo esta canción de Alberto Cortez: Distancia. Canta como nadie mis propios sentimientos.

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Me despido de vosotros hasta Septiembre, amigos míos. Pasaré a visitaros y dejar algún comentario. Lo prometo.




Juan Francisco